¿Quién me comparte Esperanza?

En algunas partes del mundo el 21 de diciembre se celebra la llegada del Espíritu de la Navidad, justo en el solsticio de invierno. Dicen que es una fecha especial por su “vibración magnética”.

notas EsperanzaUna quisiera que esa vibración desmagnetizara todas las armas del mundo, calibrara los corazones para la buena voluntad y trajera tiempos cien por ciento positivos y progresistas.

Este se me antoja un buen deseo para el próximo año, pero no tengo esperanza de que se realice.

Entre todos los motivos que existen en el mundo para festejar la llegada del Espíritu de la Navidad propongo agregar el deseo de la permanencia del “Espíritu de la Esperanza”. 

Porque me da la impresión de que la Esperanza se desvanece entre los seres humanos. Violencia entre naciones y entre la gente, guerras, injurias, injusticias  que dividen a los países, pueblos y familias.

Violencia familiar, patrimonial, laboral, docente, institucional; de todo tipo, con los 11 que mencionan quienes estudian la violencia hacia las mujeres, incluida la feminicida.

Además de impuestos que amenazan la estabilidad económica de los hogares, prepotencia de algunos representantes de la ley; falta de solidaridad, empatía y concordia entre los habitantes que padecen los mismos problemas sin apoyarse para su solución.

Las noticias diarias informan de los intentos de gobernantes por llevar un poco de alivio a sus gobernados más marginados; apoyos económicos, techos, despensas, seguridad social, eventos para su esparcimiento.

Todo eso me hace cuestionar sobre el Espíritu de la Esperanza ¿Cómo hacer para que no desparezca? ¿Cuántas personas más comparten mi desazón?

Sé bien que no carecemos por completo de los sentimientos, valores y derechos que deben permear nuestro diario vivir y que se promueven principalmente en diciembre, sino que parece que cada vez están más en desuso.

Reconozco que existen seres extraordinarios que me sorprenden por su limpieza de espíritu, voluntad decidida y férrea esperanza en los valores nobles del espíritu humano, pero son los menos. 

Los reconozco en cada amigo, amiga, que se acerca para ofrecer apoyo en las enfermedades, en cada elemento de la familia que no nos deja caer cuando hay problemas, en esos pocos seres invaluables en la comunidad que se detienen ante las propuestas poco honorables y rechazan la corrupción. Esos que van marcando con dificultad el camino azaroso de la Esperanza.

No es que sea pesimista, yo también creo fervientemente que el amor, la alegría, la concordia y la paz, logran mucho más que la apatía, el acoso, el odio, la corrupción y la violencia.

Algunos rituales para recibir al Espíritu de la Navidad aconsejan ordenar y limpiar la casa; reflexiono en lo difícil que es mantener nuestra casa-comunidad-ciudad ordenada.

Tener una estrella de varias puntas en casa en esta fecha simboliza que todos esos sentimientos nobles nos irradien y contagien.

Quizá si llenamos de estrellas las ciudades, logremos que se abran ojos, oídos y voluntad de los que pueden y deben cuidarnos, para darnos más que Esperanza: la certeza de que somos ciudadanos protegidos y respetados.