No lo creo de Bernabé…

…Arana Rodríguez sus apellidos, hijo del legendario luchador social, Bernabé Arana León y, quien ahora cobra –él si—como encargado de los programas sociales en la región sur de Sonora y, a quien trabajadoras, ahora llamadas en este galimatías de gobierno, “servidoras de la nación”, demandan para que les pague tras casi dos años de gastarse muchos zapatos para lucimiento de este funcionario, quien no les ha cumplido en lo mínimo a tan nobles mujeres.
Pero la verdad me cuesta creer tal canallada, porque es el representante de un gobierno incorruptible, impoluto, decente y, en consecuencia él mismo se convirtió en abanderado y apóstol de esta cruzada nacional por extirpar la terrible corrupción en este país; sobre todo, de “gobiernos anteriores”, porque hoy “somos otros, no los mismos”.
Claro, como por arte de magia, Manuel Bartlett Díaz, Olga Cordero, Eréndira Sandoval y, demás secuaces del actual “gobierno” ya fueron exonerados por el Papa laico, el mesías tropical, el demente de palacio nacional y, ahora van por el mundo predicando la verdad absoluta de AMLO: se acabó la corrupción –¡¿Qué no entienden profanos?—y, si no lo creen, ahí está el grotesco espectáculo del avión, cuyos boletos son metidos a “chaleco” a los burócratas; lo más patético es que hay módulos para tal fin, en los mismos cuarteles del otrora glorioso ejército nacional, cuyos generales hundidos hasta las orejas en la brutal corrupción de AMLO: ahora es la Sedena SA de CV.
Aún así, no creo sinceramente que Bernabé Arana Rodríguez, haya caído en la nefasta corrupción; es o al menos era cuando lo conocí, un hombre decente, un crítico feroz de funcionarios deshonestos; claro, cuesta mucho seguir con dicha creencia, cuando encabezadas por Angela Cárdenas González varias trabajadoras le demandan el pago por dos años de trabajo y, cientos de promesas incumplidas.
Salvo que la terca realidad lo haya alcanzado –a Bernabé Arana—y, ahora sea un convencido más de que solamente ellos, los de la 4t sean los únicos portadores de la verdad y, ¡hay!, de quienes osen disentir, como estas pobres mujeres.

“Servidoras de la nación…”, ja, ja, ja
Hipócritas, fariseos.

“¡La suerte está echada Bernabé!”.