Y, ¿dónde está el piloto?

Jesus Villegas Gastélum

Ted Striker es un expiloto que combatió en Vietnam y que ha desarrollado un miedo patológico a volar desde su traumatizante participación en dicha guerra, sin embargo en su desesperación por reconquistar a su bella exnovia Elaine, decide seguirla y subirse al avión donde trabaja como azafata para intentar recuperarla, sin jamás imaginar que tras una intoxicación masiva que enferma a pilotos, tripulación y pasajeros Ted se convertirá en la única esperanza de aterrizar dicho avión y salvar a todos. ¿Podrá Ted vencer sus miedos y aterrizar con éxito el Boeing 707 donde está el amor de su vida? 

Es la trama de la exitosa comedia ochentera “Airplane” (“Y, ¿dónde está el piloto?”), producida y dirigida por David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker, el icónico trio ZAZ, considerado uno de los más exitosos del género de humor absurdo y comedia física (slapstick) en la historia del cine hollywoodense. 

La cinta protagonizada por Robert Hays (Ted Striker), Julie Hagerty (Elaine Dickinson), Leslie Nielsen, Robert Stack y Lloyd Bridges fue estrenada en 1980 y además de alcanzar una recaudación record de taquilla (más de $83 MDD) fue nominada a un Globo de Oro en la categoría de mejor película musical y de comedia. 

Y tal como en un momento clave en dicha comedia la torre de control y los pasajeros a bordo del Boeing 707 no sabían con certeza quien conducía el avión, de la misma forma hoy en día muchos ciudadanos de pronto no tenemos claro quién está al mando del avión nacional, estatal o local en los que irremediablemente volamos.

A manera de ejemplo, y hablando de “aviones” locales sonorenses, un ejemplo muy claro es el caso del otrora pujante puerto de Guaymas, donde hoy en día ninguno de los casi 140,000 “pasajeros” Guaymenses tiene claro quién es el piloto a cargo, si de plano ya no existe piloto ni tripulación de vuelo, así como ante la actual emergencia quienes podrían ser los Ted Striker que posean la experiencia, pasión, congruencia y capacidad necesarias para agarrar el timón y evitar que se estrelle el histórico avión que cada día va en más franca picada.

Si bien durante los últimos años en términos generales la dinámica económica y social de la 4ta ciudad económicamente más importante de Sonora no ha sido drásticamente diferente a la mediocridad del resto del estado, abriendo más el espectro de tiempo bien podría ser Guaymas uno de los más claros ejemplos regionales y del país de décadas perdidas y oportunidades desperdiciadas para apuntalar el desarrollo y crecimiento de su industria portuaria, industrial, turística y de servicios. 

Si bien las comparaciones son odiosas basta con comparar la situación actual de ciudades como Mazatlán e incluso poblaciones como Topolobampo para darnos cuenta de la lastimosa pérdida de competitividad, infraestructura y brújula en proyectos viables de desarrollo en Guaymas.

Y así como los temibles huracanes y trombas que cíclicamente golpean su puerto y bellas playas, Guaymas ha sufrido el embate cíclico de una cleptocracia rapaz con máscaras del PRI, PRD, PAN y PT-PES-Morena, así como de vergonzosos pseudo-líderes de ocasión y cacicazgos económicos arcaicos carentes de todo sentido social.

Se puede decir más fuerte pero no se puede decir más claro: Guaymas, que hoy 31 de agosto cumple exactamente 251 años de existencia, vive sin duda unos de sus peores momentos en materia social y económica, en un proceso de descomposición y estancamiento crónico que data al menos desde la crisis de 1982 y que localmente se recrudeció con el derrumbe de la actividad pesquera de finales de los ochenta, la inestabilidad política que inició en 1991 y la bajeza de miras e interminables pugnas de sus élites económicas que han frenado irresponsablemente el desarrollo local, acciones que aunadas o otros factores han propiciado que casi 40 años después Guaymas se encuentre sumido en una profunda fase de inviabilidad económica, hartazgo y desilusión social, así como muy negativas perspectivas de desarrollo, a menos que cuanto antes inicie una fase de sinergia de esfuerzos y acciones que eviten que se estrelle el avión o se hunda el barco porteño.

Las otrora importantes válvulas de escape generadoras de empleo como la industria manufacturera y el turismo se encuentran hoy en grave crisis, por ello se requieren columnas estructurales complementarias que permitan revertir los angustiantes niveles de inseguridad, desempleo, decrecimiento económico, insalubridad, deficiencias en servicios públicos, así como de carencia y colapso de gran parte de su infraestructura básica. 

Ante un escenario como el anterior los Guaymenses requieren analizar como nunca la congruencia y trayectoria de vida de los Ted Striker que se ofrezcan a pilotear en el 2021, sin dejarse llevar por las ancestrales grillas y pasiones de grupos que tanto han perjudicado a Guaymas, ni tampoco por el canto de sirenas y lobos marinos que hoy cínicamente son parte de la mediocre tripulación de aviones que parecen no tener piloto, a los que simplemente les quedó grande la silla o que ni siquiera han sabido leer los instrumentos y manual de vuelo.

Esos impresentables miembros de tripulación de los que hablamos no llevan uniforme de azafata como Elaine Dickinson sino disfraz de diputados, de funcionarios municipales y estatales, y hoy dan claras muestras de estar intoxicados de incongruencia, incapacidad, insensibilidad e inacción, exactamente igual que los pilotos locales a los que sirven, por ello el avión sigue en picada, y por lo mismo no lucen confiables como para tomar el timón. 

La lógica y sentido común sugiere un cambio de tripulación, o acaso los Guaymenses, ¿los dejarán pilotear y confiarán a ellos su destino y el de sus familias? Guaymas y Sonora ya no pueden seguir sin pilotos competentes.