Rock Star región 4

Jesús Villegas Gastélum

Fotocopiadoras atascadas con hojas de papel, copias de mala calidad, intenso olor a tinta y papel, ese es el día a día de Chris Cole en su nada glamoroso trabajo en Pittsburgh Pensilvania, donde sus grandes alicientes al terminar su jornal son visitar a su bella novia Emily y rocanrolear con su banda de rock Blood Pollution, grupo tributo a sus ídolos Steel Dragon y a quienes como fanático obsesivo de dicha banda cada “tocada” los homenajea intensamente a través de su potente voz.

Chris vive y siente como nadie la letra y música de cada canción de sus ídolos, hecho que eventualmente le permite obtener una oportunidad jamás soñada: audicionar como candidato para suplir a su ídolo Bobby Beers, vocalista de Steel Dragon quien abruptamente sale de la famosa banda, y para sorpresa y envidia de muchos Chris resulta ser el elegido, lo cual súbitamente lo convierte en lo que siempre soñó: la nueva estrella del firmamento del rock, y así pasar a ser admirado y venerado diariamente por miles de fans en todo el mundo.

Es la trama de Rock Star, filme del año 2001 producido por George Clooney y dirigido por Stephen Herek, que cuenta con las actuaciones de Mark Wahlberg como Chris Cole y de Jennifer Aniston como Emily Poule, el cual está basado en la vida real al inspirarse parcialmente en lo vivido por Tim “Ripper” Owens, quien de ser un cantante de una banda tributo a Judas Priest fue elegido en 1996 para suplir al vocalista Rob Halford.

A pesar de la buena historia que inspiró el guión de la cinta, el atractivo elenco y la buena banda sonora, la cinta fue un rotundo fracaso en taquilla, tal y como parece también suceder en nuestro México actual con otro inesperado Rockstar surgido en nuestra particular región 4 tras arribar la terrible pandemia del Covid-19: el Dr. Hugo López-Gatell Ramírez.

Como Chris Cole en su juventud el segundo López más conocido del país también formó parte de una banda de rock aunque de tinte jazzero denominaba Cantera y donde tocaba la flauta, sin embargo en lugar de hacer carrera en la música como algunos de sus compañeros que posteriormente formaron parte de bandas conocidas como Santa Sabina y La Gusana Ciega, López-Gatell prefirió dedicarse a la medicina, investigación, docencia y servicio público.

Lo anterior le permitió en 2018 ser nombrado Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en la Secretaría de Salud del Gobierno Federal, y desde inicios del 2020 convertirse en el vocero gubernamental para informar a los mexicanos de todo lo relacionado con el impacto del Covid-19, situación que tomó a muchos por sorpresa al esperarse que fuera el propio Secretario de Salud, Dr. Jorge Carlos Alcocer Varela, quien tomara ese rol, al menos de inicio, al ser claramente un perfil con mucha más experiencia y trayectoria.

Ante el reto de convertirse en el rostro más expuesto después del Presidente López Obrador, al otrora flautista no le tembló el pulso ni le faltó el aire para convertirse en el foco de atención de los más de 126 millones de mexicanos deseosos de información puntual sobre la terrible pandemia, generando un nivel de confianza importante durante los primeros meses de desempeño y convirtiéndose así en un auténtico Rockstar de la 4T.

Pero como bien diría Isaac Newton: todo lo que sube tiene que bajar, y tras la luna de miel mediática que le permitió incluso ser portada de revistas del corazón y tener como fieles “groupies” a millones de féminas que hasta preparaban café y galletas para seguir sus informes, llegaron yerros como señalar que “la fuerza del Presidente es moral y no de contagio”, desconcertantes cambios en fechas de picos máximos de contagio, en los métodos de medición, curvas que nadie ve “achatarse”, manejo cada vez más dudoso de cifras de contagiados, muertes, pruebas realizadas, etc, pero sobre todo lo que muchos expertos en salud consideran una negligencia que podría rayar en lo criminal: el no urgir de manera clara al uso generalizado del cubrebocas como vía clave para evitar más contagios, algo que TODOS los países con los mejores resultados en atacar la pandemia lo implementaron sin ambigüedades y donde sus autoridades, empezando por su Presidente, pusieron el ejemplo.

El mejor ejemplo del fracaso gubernamental para hacer frente al Covid-19, cuyo portavoz es López-Gatell, es el número de fallecidos proyectados, ya que de 8,000 iniciales se pasó a 15,000, posteriormente a 25,000, el 5 de junio se proyectaron máximo 35,000 y hoy domingo 2 de agosto ya van 48,000 personas fallecidas sin que ninguna autoridad se atreva ya a hacer una nueva predicción, una cifra por demás dolorosa para miles de familias en nuestro país, lo que nos ubica ya como el tercer país con más muertes en el mundo por esta pandemia y el sexto con el mayor número de contagiados, cifra que según expertos internacionales podría ser realmente 3 veces mayor.

Temerosos que el Gobierno Federal les endose cada día mayor responsabilidad de la fallida estrategia en materia anti Covid-19, en la cual obviamente también son corresponsables, 9 gobernadores de oposición (ya quitando a Javier Corral de Chihuahua que se deslindó del pronunciamiento) exigieron el pasado viernes la renuncia del cada vez más alicaído Rockstar de la 4T, lo que sin embargo parece poco probable al seguir estando todavía muy en el “ánimo” del Presidente de la República, el claro líder da la banda de rock donde Gatell parece querer seguir viviendo su sueño de emular cada vez mejor a su ídolo, como demuestra su picardía al responder a los gobernadores: “la conducción desde el gobierno federal se hace a partir de la ciencia, no de la política”.

Independientemente de si Gatell se mantiene o no como vocero gubernamental en materia del Covid-19, es claro que la estrategia del gobierno federal será continuar protegiendo a toda costa al Presidente de los yerros en la materia, por ello incluso no es descartable eventualmente poner como nuevo vocero a un funcionario con un perfil menor y así rescatar al Rockstar Gatell para “tocadas” más electorales en 2021, aprovechando que todavía podría tener el apoyo de sus “groupies” más fieles

Por lo anterior bien haría López-Gatell en reflexionar sobre la experiencia de Chris Cole y del propio Tim “Ripper” Owens, rockstars que vivieron el sueño de convertirse en su ídolo, gozaron, aprendieron, se equivocaron, vivieron intensamente la experiencia, pero al final se dieron cuenta que había otra cosa aún más importante: vivir su propio sueño.