La pregunta no es cómo, sino cuándo

Jesus Villegas Gastélum

A sus 11 años Mikkel Nielsen es un fanático de los trucos de magia, por ello su padre Ulrich tras ser testigo de un buen truco le pregunta: ¿cómo lo hiciste?, ante lo cual Mikkel responde: “la pregunta no es cómo sino cuándo”, sin lugar a dudas una de las frases más icónicas de la serie televisiva “Dark”, serie alemana producto de la imaginación del talentoso Baran bo Odar y que se ha convertido en un éxito mundial en la plataforma Netflix. 

La serie es un thriller de misterio con toques de fantasía que nos atrapa desde el primer capítulo, y donde la temática de viajes en el tiempo y de cambiar el curso de la historia se cruza con densos bosques de filosofía pura, destacando frases de grandes pensadores universales y también del propio equipo creativo, quienes irradian una evidente influencia de filósofos como Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Arthur Schopenhauer.  

El guión de la serie presenta momentos específicos en el pasado, presente y futuro en la línea del tiempo principal y también en mundos paralelos, estando todos interconectados por las decisiones que toman sus personajes y donde a pesar de múltiples intentos de “corrección” nunca se consigue modificar el destino inexorable ya dictado desde un inicio, exactamente como sucedió con la aplastante victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador el 1 de julio de 2018, hace casi exactamente 2 años, suceso que confirmó la tesis de varios analistas políticos nacionales y extranjeros que desde hace tiempo proyectaban la caída del desgastado concubinato PRIANista, ante ello no era un tema de cómo sino de cuándo llegaría finalmente al poder AMLO.

Desde una visión como la plantea “Dark”, AMLO estaba destinado a convertirse en Presidente de México no solo por sus propias decisiones y acciones, sino también por las que tomaron sus opositores, los acciones de gobernantes previos, los factores regionales, globales y hasta la sociedad mexicana en general, incluyendo los que votaron por él y los que no lo hicieron, ya que como plantea un personaje clave de “Dark” llamado Jonas Khanwald: “cualquier decisión a favor de algo es en contra de otra cosa”, así todos los actores y elementos en su conjunto habrían moldeado el destino inexorable que finalmente nos alcanzó con el triunfo electoral de AMLO. 

En sus 2 intentos previos (2006 y 2012) AMLO tomó un sinnúmero de decisiones erróneas que a la postre para su campaña 2018 le brindaron la experiencia necesaria para en su tercer oportunidad llegar como un candidato más curtido y con posibilidades reales de triunfo para el electorado, el cual a pesar de que ponderó la estabilidad macroeconómica y otro tipo de indicadores al final decidió dar un golpe de timón para castigar los excesos de corrupción, impunidad y desigualdad social, dándole el poder a una opción que no le resultaba del todo ajena, ya que AMLO primero como Jefe de Gobierno (2000–2005) y después como candidato presidencial, tenía ya 18 años posicionándose, al estilo “Dark”, como una opción paralela a la realidad, contrastando cada yerro Peñista, algunos hasta dignos de memes, con su pegajosa frase: “estaríamos mejor con López Obrador”. 

La oposición, acostumbrada por años a menospreciar las posibilidades presidenciales de AMLO por su añeja falta de empatía con las élites económicas, así como la desconfianza que generaba entre los ciudadanos moderados por su polarizante discurso, se dio cuenta demasiado tarde que AMLO no solo había logrado permear gota a gota en la mayoría de los estratos sociales, sino que había consolidado una sólida base electoral.

Tras su incuestionable triunfo electoral y la luna de miel posterior, llegó el arranque del siempre desgastante quehacer gubernamental, que cobijado con el control mayoritario de su partido en la Cámara de Diputados y Senadores, le ha demandado tomar varias decisiones en materia económica, política y social que bajo su óptica encarrilan ya con éxito la ruta de su 4ta Transformación, con todo y múltiples obstáculos derivados del Covid-19.

Por su lado los críticos de la 4T no ven resultados tangibles después de año y medio, critican el impacto de decisiones como la cancelación del aeropuerto de la Ciudad de México, la inversión faraónica en proyectos como Dos Bocas y el Tren Maya, la ausencia de certeza jurídica que evite ahuyentar inversiones, un crecimiento de 0% en la economía previo al Covid-19, así como un pésimo manejo de la pandemia desde el punto de vista sanitario, de protección de empresas y empleos, así como ausencia de un plan viable de reactivación económica. 

Ante diagnósticos tan disímbolos más de uno podría pensar que estamos ante un escenario de mundos paralelos como los de “Dark”, donde como los múltiples Jonas, Marthas y Mikkels, en este coexistirían varios AMLOS, el priista del 83, el cardenista crítico de Bartlett del 88, el que lo invita a su gabinete en 2018, el crítico del TLC del 94, el que aplaude el TMEC en 2019, el del 2012 que quiere al ejército fuera de las calles, el del 2018 que quiere una Guardia Nacional, el que criticaba a Trump, el que lo quiere visitar, el crítico de los empresarios con olor a mafia del poder, el que otorga adjudicaciones directas en su 4T, el que no usa cubrebocas y el que si.

Al final como en “Dark” quizás resulte complicado identificar cuál es el AMLO original o el del principio del todo, sin embargo lo más importante es que por el bien de nuestro país ojalá el AMLO que nos quede en última instancia sea el que si sepa aprovechar al máximo el tiempo que le queda en su gobierno para unir a los diferentes liderazgos económicos, políticos y sociales del país para lograr como en “Dark” detener el “apokalypse” que cada vez más habitantes de México, no de Winden, visualizan como el destino inexorable. Tic Tac, Tic Tac.