RESISTENCIA

SEXTANTE
Federico Reyes Heroles

Querían hacerlo y muy rápido. Las lesiones institucionales son graves. Pero la intención de borrar a la República e imponer la difusa 4T ya falló. Ni hay ni habrá 4T. Hay, eso sí, una República zarandeada desde el poder, un liderazgo formal en crisis y una conducción nacional desde la resistencia.

Vértigo destructivo de símbolos y mucho más: Estado Mayor, Residencia Oficial, avión, festejos de incienso, informes y consultas a modo, engañosas y ofensivas “mañaneras”. De estructura: NAIM, atrás a las reformas educativa y energética; amenazas fiscales. Diatribas e insultos todos los días. Pero, a toda acción… El ambiente se deterioró de inmediato, la ruptura con los empleadores es evidente, la inversión se desplomó, el sector energético se paralizó. La construcción se fue a pique. La consecuencia: crecimiento cero el primer año. La realidad se impuso, hay cientos de miles de empleadores y millones de trabajadores que operan en una economía abierta y demandan apoyo. La 4T erigió a un popular fantasma, “el neoliberalismo”, pero pasará a la historia como la mayor fábrica de pobres en un siglo.

La ignorancia y la insensibilidad se convirtieron en las caras de la gestión: estancias infantiles, albergues para mujeres, desabasto de medicinas, desprecio por la ciencia. ¿Qué decir del reciente ataque a los médicos? Increíble. El naufragio de la 4T es patético: 100 universidades, descentralización, “primero los pobres”. En un mes se perdieron los empleos de un año. Las mentiras siempre estuvieron allí, pero la pandemia y el colapso económico hoy los exhiben a diario. ¿Dos millones de empleos en ocho meses? No, caída del -7 al 12% del PIB-, ese que no importa. Necia realidad. Ridículo. Sin raya, sin quincena, regresar al hogar con las manos vacías. Esa es hoy la 4T. ¿Y la violencia?, galopando.

La inflexión se dio antes, pero hoy está agravada por la pandemia y el colapso. La aprobación, que pretendían era una roca, hoy está en el borde. MORENA, en silencio, se desplomó a menos de 20% de inclinación de voto. Los indecisos son hoy, por mucho, la gran mayoría. Los convencidos votantes del 2018 se desvanecieron. De allí que todo puede ocurrir en el 2021. El andamiaje de la 4T empezó a crujir: divisiones internas, contradicciones, penosa incapacidad de gestión, corruptelas y más corruptelas que ahora son llevadas al leguaje simbólico utilizado para la destrucción: catorce aviones presidenciales perdidos en 7 días gracias a PEMEX; ventiladores contra “casas blancas”; sobre precios en medicamentos contra salarios recortados. Las cuentas les salen muy mal. La 4T no quiere darse cuenta, o no pueden por sus ataduras mentales, de que se hunde día a día. Casi imposible que entreguen un promedio sexenal de crecimiento que alcance el 1%. Las tasas de desempleo serán históricas. El quebranto fiscal ya asfixia. La deuda en proporción al PIB crecerá. El record sexenal será vergonzoso.

En el vértigo destructor se pensó que todo estaba perdido, pero no, hay contrapesos como dijo Pascal Beltrán, tradicionales y nuevos: el INE y el Tribunal Electoral detuvieron el burdo intento propagandístico. El Senado tuvo que frenar la intentona golpista de apropiarse del presupuesto. Una docena de gobernadores están atrincherados. La SCJN puso un sonoro y digno alto unánime a la pretensión de un sátrapa en Baja California. Las redes sociales no dan tregua a la 4T. El dato de Twitter: 61% de los seguidores de AMLO son bots. New York Times, Wall Street Journal, Financial Times, The Economist desmienten los fallecidos oficiales y las cifras económicas.

Ya ocurrió. El vértigo destructivo provocó una reacción pendular. Hoy la “invencible” 4T y su líder conforman un desfile de incompetencias, mentiras y corruptelas. Pero allí están las instituciones que resisten, una opinión pública viva, empresarios locales y algunos cupulares, que dan la cara. Gobernadores enteros, a todos les tocó en suerte dirigir resistiendo.