El softpower de las potencias, ¿Y el de la 4 T?

En la película, El Bueno, el Malo y el Feo (Sergio Leone-1969) una de las escenas es un duelo a muerte entre los tres protagonistas, tras una serie de periplos para localizar un tesoro escondido en una tumba de un soldado participante en la Guerra Civil estadounidense, la recompensa llega al final para el Bueno quien obtiene el botín completo tras aniquilar al Malo y el Feo es perdonado en los últimos instantes para que intente hacerse de la parte que le corresponde.

De ahí la importancia de la escena con la secuencia de los rostros, viéndose entre ellos, la soledad en la que se encuentran, el clima desértico y el fondo musical (de Enio Morricone), provocan en el espectador una especie de ansiedad de cuál será la conclusión de dicho enfrentamiento.

Sí observáramos el escenario internacional que se ha ido gestando en los últimos años, es muy parecido a ésta importante película del genero del espagueti western, en dónde por un lado encontraríamos a los EEUU, luego a la Unión Europea y finalmente al binomio RP China-Federación Rusa, cuyo enfrentamiento traerá la obtención de un tesoro muy preciado que es el establecimiento del nuevo orden mundial y la redefinición de las hegemonías, así como de las alianzas estratégicas que habrán de guiar al resto de la comunidad internacional en las próximas décadas.

Lo interesante en este comparativo es, quién es el Bueno, el Malo y el Feo. Para algunos, sin duda alguna el Bueno son los EEUU, que han logrado definir en las últimas décadas un estándar de vida en el que está asociada la democracia y el libre mercado, siendo los Feos la Unión Europea por sus disputas internas, sus fracturas (el Brexit) y sus guiños hacía los chinos y rusos, para mantenerse en el juego geopolítico global. Por lo que los Malos serían tanto la RP de China y la Federación Rusa qué están buscando reposicionarse globalmente y recuperar la gloria de sus pasados imperiales, su memoria histórica se los exige y van en ese sentido.

Las posturas de quienes son los Buenos, los Malos y los Feos, van en el sentido de las diversas posturas que las naciones han ido asumiendo en los últimos años para la definición del proceso hegemónico internacional, en tal sentido, es que se puede considerar en que manera recreamos nuestra realidad, como personas, sociedades y naciones, para definir las lealtades que asumen los gobiernos de los Estados en nuestros días.

Esta percepción de la realidad en la que nos encontramos la ha explicado de manera muy sucinta el ex asesor de la Casa Blanca y Geopolítico, Zbigniew Brzezinski, en su momento cuando elaboró su investigación intitulada: El dilema de EEUU, de cómo debía de ser el proceso para que ante la caída del bloque soviético y los viejos antagonismos con otras potencias, mantuviera su preponderancia y establecer su ideario político-económico ante el resto de la comunidad internacional, pero de igual manera, se puede hacer una asociación con estos postulados con los del propio Dominique Moïsi; pues es a través del miedo y de las emociones como se ha logrado posicionar los EEUU, para mantener su liderazgo, ante una comunidad global cada vez más exigente de la acción política, de las libertades sociales, mejoras en el sistema económico y mayores capacidades para dar seguridad y certidumbre al desarrollo nacional.

Bajo estos argumentos, la elite estadounidense ha estado recreando un modelo muy sui generis a partir de la constante reconstrucción de sus héroes, no necesariamente los llamados Padres Fundadores (Washington, Hamilton, Jefferson, Franklin o Paine, entre otros); han logrado permear generación tras generación, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, de personajes surgidos de los comics, para establecer esa compleja y delicada combinación de necesidad, miedo y admiración.

Figuras como Batman, Supermán, Mujer Maravilla, Flash, Aquaman, Ciborg, por un lado y por el otro, Capitán América, Iron Man, Viuda Negra, Thor, Hulk o Spiderman; son héroes que además de ser ciudadanos estadounidenses por nacimiento o adopción, anteponen su vida personal, su inteligencia, habilidades, capacidades y riquezas materiales para salvaguardar la integridad de la sociedad estadounidense, pero de ser necesario (y normalmente así sucede) de amenazas externas al orden establecido por lo que conocemos como american Way of life.

Sí en su momento estos héroes aparecieron para controlar el crimen local como lo es Batman, para darle sosiego a la ciudadanía de Gótica (Chicago) por las amenazas del crimen organizado que asolaba a ésta ciudad, la aparición del Capitán América simbolizó la libertad que traerían los EEUU frente al flagelo del nazismo. Durante todo el periodo de la Guerra Fría. Poco a poco, estos héroes fueron cumpliendo el papel de defensores de la integridad y de los valores occidentales frente al oprobioso régimen soviético a lo cual se sumó adecuadamente otros héroes desde Europa.

En efecto, desde las Islas Británicas Simon Templar, mejor conocido como El Santo se agregó a la lucha para combatir el comunismo, pero ha sido ante todo, el personaje que elaboró un ex especialista de inteligencia de la Segunda Guerra Mundial, Ian Flemming, el que logró redefinir el espacio de salvaguardar la integridad de occidente, en efecto; Bond, James Bond; es parte de este esfuerzo, tanto que aún con la caída del bloque soviético, la temática de las películas han sido adecuadas para mantener el principio básico: solo hay dos naciones que pueden darle orden y equilibrio a las naciones y esas son los EEUU y Gran Bretaña.

Cada uno cuidando los intereses del mundo libre, de la democracia y del libre mercado, frente aquellos que desean desequilibrar lo que con tanto esfuerzo se ha logrado para darle certeza al crecimiento de las naciones. En este sentido, las naciones líderes han ido posicionando ese sofpower que es la industria del entretenimiento, para mandar mensajes de alianzas entre naciones, como también certidumbre de que todo lo que lleva los EEUU, es lo más adecuado para la preservación del statu quo y cuantas veces sean necesarias, estarán recreando a sus héroes para demostrar su superioridad racial, política, económica o militar ante el mundo entero.

Luego entonces, ¿Cómo se está recreando México?, pues sí la intención es sustentar a este gobierno con los héroes que marca la 4T, se deben de hacer mejores esfuerzos para dar un sentido de unidad e identidad nacional y más aún, cuando en el entorno internacional existe un duelo casi a muerte en el que habrá de tomarse un bando, por ello con todo respeto, la 4T no tiene a Batman o a Iron Man, pero lo peor es que esta administración se han olvidado de superhéroes como El Santo, Blue Demon que le dieron imagen al México en décadas atrás y que hoy más que nunca se necesitan frente a las amenazas externas que no son consideradas en Palacio Nacional, a causa de aplicar la política de la avestruz.

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