El Internado Cruz Gálvez los forjó con disciplina y buenas costumbres: ex alumnos

Hermosillo, Sonora, septiembre 23 de 2019.- Conocer lo que vivieron egresados del Internado Coronel J. Cruz Gálvez, representa una pequeña pero muy significativa parte, de lo que esta institución ha hecho por la infancia sonorense, coincidieron ex alumnos.

“La Cruz Gálvez” cumple 100 años de que inició operaciones en Hermosillo y está por realizarse un concierto de gala en beneficio de este Internado, que sigue forjando generaciones con futuro, el jueves 26.

José Isaías Ruíz, profesor de secundaria jubilado, llegó en 1966 al Internado, siendo un muchachito de 7 años que creció con carencias en el poblado de Santa Teresa, municipio de Bacanora.

“Esos años en el Internado formaron mi carácter y aprendí muchas cosas de los maestros, prefectos, conserjes, enfermeras, doctores, de los maestros del taller, con todos los que convivíamos, porque éramos como una familia”, dijo José Isaías Ruiz.

Aún recuerda el miedo que sintió la primera noche que pasó en el Internado por no conocer a nadie, pero al día siguiente, una nueva vida se revelaba ante sus ojos.

“Después de trabajar en la limpieza como parte de la rutina, me dieron un desayuno diferente al que tenía en casa, porque yo tenía que ir con mi cajón a dar bola y con lo que sacaba me compraba la primera comida del día y en el Internado tenía las tres comidas al día; fue cuando dije: aquí es y aquí me voy a quedar”, manifestó con nostalgia el profesor.

Por su parte, el también docente jubilado, Efraín Rodamés Uriarte Salazar, afirmó que la disciplina adquirida durante su estancia en el Internado en los años 1965 a 1971, es lo que le permitió ser el profesionista en el que se convirtió.

“Solamente con esa disciplina inculcada día con día en el Internado, es como se puede pensar en estudiar para salir adelante en distintas carreras; recuerdo muy bien al profesor Justiniani Garibay, quien además de exigirnos, mostró mucha empatía con quienes éramos sus alumnos”, comentó Uriarte Salazar.

Salir de casa a los 5 o 6 años no es fácil, recordó, pero en el Internado encontró a la maestra “Cuquita”, a quien describió como una madre para ellos, ya que les dio clases en primer y segundo año de primaria.

“Prácticamente nos enseñó a leer y escribir, le agradezco mucho a la maestra porque era muy sensible, nos trataba muy bien”, expresó el orgulloso egresado del Internado.

Rostro femenino de “la Cruz Gálvez”
Si bien, el Internado se creó para recibir sólo a varones, después de algunas décadas integró a niñas, ellas al igual que sus compañeros recibieron una formación completa.

La maestra jubilada, Silvia Rodríguez Estrella, fue una de esas niñas que ingresaron al Internado gracias a que su papá, el señor Francisco Rodríguez, trabajaba como panadero en dicha Institución y también era egresado de la misma.

“Siento que me desarrollé armónicamente, porque así es la naturaleza de la educación que brinda el Internado; te ayuda a desenvolverte en la convivencia, te brinda instrucción académica, te enseñan oficios en los talleres”, manifestó Silvia Rodríguez.

Ella tuvo la fortuna de seguir una carrera profesional en la docencia, pero con lo aprendido en el taller de corte y confección, considera que hubiera salido preparada para valerse por sí misma al egresar de “la Cruz Gálvez”.

La licenciada en Derecho, Olga Vargas Gutiérrez, es otro testimonio más de que su paso por el Internado forjó en ella su desarrollo académico, pero sobre todo, el valor de la responsabilidad y el amor por la lectura.

“Estoy agradecida por todo lo aprendido ahí, porque no es sólo ir a escuela, sino que tiene una formación especial que te enseña a ganarte las cosas, que tienes que trabajar por ellas y no sólo recibirlas porque sí”, dijo Vargas Gutiérrez, quien labora en el Poder Judicial de la Federación.

Recordó que en el Internado adquirió el hábito de la lectura y que fue base para elegir la carrera de Derecho; “mi profesor de entonces, Daniel Bañuelos fue quien me proporcionó libros, la primer novela que leí ahí en el Internado fue 20 mil leguas de viaje submarino”.

Los primeros pasos de un hombre de bien
Como lo han manifestado otros egresados, la vida de Jorge Nolasco Ruiz, geólogo de profesión, da un giro de 180 grados cuando a los 7 años de edad, sus padres los ingresan en el internado para que estudie su educación primaria.

“Estuve de 1964 a 1970 y realmente era un ambiente de orden, de disciplina y seguridad el que se vivía en el Internado; mis padres decidieron que entrara por la buena reputación que tenía en esos años, el servicio brindado ahí”, comentó Nolasco Ruíz.

Destacó que lo que distinguía a la Institución, como hasta la fecha, era brindar una formación de alto nivel a los internos en talleres como: jardinería, mecánica, herrería, carpintería y peluquería, entre otros.