Carecen de sustento posturas de Trump sobre aranceles

Sus propios asesores lo contradicen, sus palabras no reflejan los hechos y sus afirmaciones son desmentidas por economistas.

Washington.- Sus propios asesores lo contradicen, sus palabras no reflejan los hechos y continuamente sus afirmaciones son desmentidas por los economistas. A pesar de todo, Donald Trump insiste en hacer aseveraciones dudosas sobre política comercial, planteando entre entendidos y aliados el interrogante de hasta qué punto el presidente maneja el tema.

La semana pasada, cuando intensificó la guerra comercial con China, Trump hizo una descripción errada de cómo se pagan los aranceles, quién los paga y la importancia y la magnitud del déficit comercial. Sus aseveraciones llegan en momentos en que personal de la Casa Blanca se pregunta si las posturas de Trump sobre el comercio pueden tener consecuencias políticas.

Trump viene expresando estos puntos de vista desde hace tiempo y es previsible que no será fácil hacerlo cambiar de opinión y que seguirá tergiversando el posible impacto de sus políticas.

Los puntos de vista de Trump se alejan de los postulados económicos convencionales en tres áreas: Insiste en que son los chinos, no los estadounidenses, los que pagan un arancel del 25% que impuso sobre importaciones chinas por 250 mil millones de dólares; describe los déficits comerciales de Estados Unidos con otros países como pérdidas económicas totales y sostiene que el déficit comercial de Estados Unidos con el resto de los países es consecuencia de malas políticas comerciales.

En los tres sectores los expertos disienten.

Son las empresas estadounidenses importadoras –negocios, mayoristas y fabricantes– quienes pagan los aranceles que impuso Trump, no las firmas chinas. Uno de los principales asesores económicos de Trump, Larry Kudlow, lo admitió en una entrevista televisiva el domingo.

Trump dijo en un tuit el lunes: “China está pagando AHORA a Estados Unidos aranceles del 25% sobre bienes y productos por valor de 250 mil millones de dólares. Estos enormes pagos van directamente al Tesoro de Estados Unidos”.

Eso no es cierto. Es posible que una gran cadena presione a proveedores chinos para que bajen sus precios para compensar las tarifas. La divisa china también puede perder valor, lo que haría que sus exportaciones sean más baratas. Y las corporaciones internacionales podrían decidir trasladar sus plantas a otros sitios, como México o Vietnam, privando a China de empleos e ingresos.

Pero estudios difundidos en marzo indican que esos factores no inciden demasiado y que casi la totalidad de los impuestos a las importaciones recaen en los consumidores y las empresas estadounidenses.

La línea dura hacia China fue uno de los caballitos de batalla de la campaña presidencial de Trump y algunos asesores creen que, incluso si la guerra comercial genera algunos dolores de cabeza a corto plazo, habrá valido la pena.

El principal estratega de Trump en la campaña electoral, Steve Bannon, dijo que “la junta de Wall Street” quiso que Trump “aceptase un acuerdo perjudicial para Estados Unidos” y él “no lo hizo”.

“Intuitivamente sabe que esto es lo correcto”, agregó.

En el ala occidental de la Casa Blanca hay diferencias en torno a la efectividad de los aranceles. Pete Navarro asegura que funcionan, mientras que Gary Cohn, exdirector del Consejo Económico Nacional, se opone firmemente.

“Las tarifas no funcionan. Perjudican la economía porque si eres un trabajador típico, tienes una cantidad de dinero específica para gastar. Si gastas más en los productos que necesitas para vivir, tienes menos para gastar en servicios. Y no te queda nada para ahorrar”, sostuvo Cohn en el podcast “Freakonomics” en marzo.

Sus esfuerzos por convencer a Trump no han sido fructíferos.

“Todos los días perdía la batalla sobre los aranceles con el presidente. Sabía que no lo iba a convencer de que yo tenía razón”, dijo Cohn en una entrevista. “No iba a convencer a un individuo de 74 años que cree en algo desde que tenía 30”.

Algunos correligionarios de Trump expresaron inquietud el martes en torno al enfrentamiento con China. El líder del bloque republicano del Senado Mitch McConnell comentó que “al final de cuentas, nadie sale ganando en una guerra comercial”.

Y el senador Jerry Moran dijo que “se comenta que si no te gustan las tarifas, no compres nada de China. Pero ¿qué pasa si Kansas le quiere vender a China? No hacer negocios con China no es una opción”.

Los economistas también cuestionan la versión que da Trump sobre el déficit comercial con China, que llegó a los 378 mil 700 millones de dólares el año pasado y que el mandatario describe como un “robo” a Estados Unidos. Mary Lovely, profesora de economía de la Universidad de Syracuse, dice que Trump ignora un dato básico: Los bienes y servicios que obtiene Estados Unidos a cambio de ese dinero.

“Es como que vas a una tienda de Walmart, les das dinero y ellos te dan mercancías”, expresó. “Es un intercambio”.

Expertos generalmente consideran irrelevante el déficit comercial de una nación con otra. Estados Unidos tuvo un déficit combinado de 622 mil 100 millones de dólares con el resto del mundo el año pasado. Y la mayoría de los entendidos no se preocupan mientras las naciones estén dispuestas a financiar el déficit adquiriendo bonos del Tesoro estadounidense y otros bienes.

Trump con frecuencia atribuye el déficit a pactos comerciales malos y está renegociando varios acuerdos, incluido uno con México y Canadá. Pero los pactos no son la causa del déficit. Un país incurre en un déficit cuando consume más de lo que produce, y eso es lo que sucede con Estados Unidos.

“Tenemos déficits porque somos una nación rica que puede comprar las cosas que no produce”, manifestó Joe Brusuelas, jefe del equipo de economistas de la consultora RSM. “Los déficits comerciales no importan”.

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