Dios todo lo ve

Dios todo lo ve

Noticia: Luis Alfonso García deja de ser parte del cuerpo técnico de los Naranjeros de Hermosillo y se incorpora como Gerente Deportivo para la próxima temporada 2019-2020 a los Águilas de Mexicali.

Por Jesús Alberto Rubio.

Buena apreciación de mi amigo cubano Víctor Cantera en cuanto a que nunca antes había visto que a un cátcher de su país, al menos, de que impunemente le robaran ¡dos veces la tercera! y además la segunda pese a que había pedido bola franca.

Si le interesa la actuación de los jugadores antillanos en el juego final de la serie caribeña, aquí en mi @beisrubio hay un análisis de cada uno de ellos.

Cuba perdió cuando obviamente era el favorito, pero el beisbol da sorpresas y ya vio.

El juego es así… y mis respetos para el equipo panameño que logró su segundo banderín en estos clásicos, algo que no conseguía desde 1950 (segunda edición) con el equipo Carta Vieja cuando la sede fue San Juan, Puerto Rico. Y qué curioso: fue también contra un team antillano.

Esta vez, además, fíjese: regalazo que le dio a su país su equipo representativo luego de que allí se alzó la voz y se organizó al cuarto para las doce la Serie del Caribe por las razones que ya conocemos.

Dios todo lo ve, decía mi abuelita Lupe.

Y ya vio.

Víctor Mendoza

Por cierto, solamente un jugador de México logró “colarse” al Equipo Ideal de la Serie como el Mejor Primera Base: sus numeritos le dieron ese plus: promedió .375, impulsó cinco y dio un cuadrangular. Suficiente.

Recordemos que Mendoza fue llevado como refuerzo por los campeones Charros de Jalisco. En temporada normal de la LMP fue todo un estelar con los Mayos de Navojoa.

Marianito…

Unos días antes de que Mariano Rivera lanzara la primera bola en el segundo juego de la jornada inaugural del pasado 4 del mes en curso de la Serie del Caribe, Panamá 2019, visitó por vez primera al Salón de la Fama del beisbol de Ligas Mayores ubicado en Cooperstown, Nueva York.

El máximo cerrador en la historia de la Gran Carpa (652),   recorrió con gran emoción la Galería de Placas dentro del Recinto Sagrado donde habrá de ser entronizado el 21 de junio.

Durante su estancia admiró varias placas – Rod Carew, Jackie Robinson, Roberto Clemente, Hoyt Wilhelm (su primer coach de pitcheo en la Liga del Golfo), Mickey Mantle, Babe Ruth, Joe Torre, y Whitey Ford.

También se expresó con efusividad al elogiar a Robinson, quien rompió la barrera racial con los Dodgers de Brooklyn en 1947 y lució el número 42 durante su carrera en Grandes Ligas.

Rivera fue el último pelotero en llevar ese número – se lo quedó cuando el número como homenaje a Robinson en 1997 – para que el momento fuera más memorable.

“Estaba tan contento cuando Grandes Ligas retiró ese número. Haber sido el último jugador usando su número, representando el legado Jackie Robinson, fue glorioso. Fue una bendición, el poder representarle de una manera digna”, expresó.

Hubo un momento en el que Rivera debió contener sus emociones – cuando meditó sobre su trayectoria.

“Recuerdo cuando salí de Panamá, ver a mi padre y a mi madre, mi esposa, entonces mi novia, un sobrino, sin saber qué iba a pasar, solo aceptar el reto con la oportunidad que había recibido y dar lo mejor”, dijo. “Ahora, 29 años después, ¿estoy hablando del Salón de la Fama?”.

“No creo que pueda escribir eso podría comprenderlo. Es algo que todo jugador sueña, pero es que tan inalcanzable. Ahora que lo alcance, le doy las gracias a Dios”, indicó.

El nativo y orgullo de Puerto Caimito en Panamá, expresó ese día: “No lo puedo entender; es simplemente increíble y demasiado. Es algo inmenso salir de un pueblito de pescadores a un sitio donde está la crema y nata”.

Y reiteró: para alguien como yo que amo el béisbol, lo que estos hombres hicieron y nos dejaron como legado, no puedo haber tenido un día más fabuloso”.

El recorrido de Rivera, acompañado por su esposa, Clara, en una mañana soleada y fría en el norte del estado de Nueva York, se produjo menos de dos semanas después que se convirtió en el primer jugador que sale elegido en la votación para el Salón de la Fama.

Por unanimidad

 El ex relevista de los NYY acaparó los 425 votos emitidos en la elección de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Norteamérica.

Edgar Martínez, Mike Mussina y el extinto Roy Halladay también fueron elegidos por los periodistas, mientras que Harold Baines y Lee Smith fueron seleccionados en diciembre

por un comité de veteranos.  

Notable trayectoria

Hijo de pescadores, Mariano Rivera firmó con los Yankees  en 1990 y, armado con una recta de 87 mph, se sumó a la Liga del Golfo en Florida.

Cinco años después, a la edad de 25, debutó en las Mayores con los NYY.

Tras desempeñarse como preparador, Rivera irrumpió en 1996, en la primera campaña del manager Joe Torre, como uno de los mejores relevistas del béisbol.

“Por fortuna pudieron ver las habilidades que yo tenía en varias facetas. Quería ser abridor, ciertamente, pero no era lo mío. Solo quería ser feliz jugando pelota. Gente que era bien inteligente me puso en un rol en el que pude brillar”, dijo.

Un pitcheo hizo que Rivera fuera casi intocable – su venenosa recta cortada, responsable de tantos bates rotos, y que descubrió en 1997.

Como compañero del torpedero Derek Jeter, el zurdo Andy Pettitte y el receptor Jorge Posada, todos formados en la organización, fue vital para que los Yankees ganaran cinco campeonatos de la Serie Mundial 1996 y 2009.

Mariano siempre fue mejor en la postemporada, con 42 rescates y efectividad de 0.70 y solo 11 carreras limpias permitidas en 16 temporadas, incluyendo 11 salvados en la Serie Mundial.

Se retiró tras la campaña de 2013 como el líder histórico de rescates de las Mayores.  

Acompañará a Rod Carew como los únicos panameños en el Salón de la Fama, y apenas el octavo lanzador relevista.

El derecho también sus momentos amargos – cinco salvados malogrados en la postemporada, el más doloroso en el séptimo partido de la Serie Mundial de 2001 ante Diamondbacks de Arizona. Rivera permitió el hit de Luis González que sentenció la Serie, un bombito con las bases llenas en la parte baja del noveno.

 ¿Y su momento cumbre?

“Era ponerse el uniforme, esas rayas todos los días, cada año, durante 19 temporadas, fue algo increíble”, dijo Rivera. “Fue un privilegio hacer eso”.