La niña de 3.3 millones de años que trepaba árboles

La evolución humana u hominización es el proceso de evolución biológica de la especie humana desde sus ancestros hasta la actualidad.

Hace más de tres millones de años, el ‘Australopithecus afarensis’ andaba ya erguido, un hito que convierte a este antiguo antecesor de los humanos en un eslabón clave en la historia de nuestra evolución.

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El fósil de una niña homínida que murió hace 3.3 millones de años encontrado hace una década en el noroeste de Etiopía sugiere que nuestros antepasados también trepaban por los árboles.

El análisis publicado en Science Adcances este miércoles se centra en el pie de la pequeña conocida como Selam o ‘niña de Dikika’, que según los expertos, constituyen el esqueleto mejor conservado de esta especie jamás hallado.

Un grupo de investigadores estadounidenses destacó que la articulación del dedo gordo del pie de Selam es más curvada que en los restos de adultos de esa especie hallados anteriormente cerca del lugar.

Esto significa que la niña tenía una mayor libertad de movimiento lateral de los pulgares del pie, un rasgo muy útil a la hora de sujetarse.

Al considerar la curvatura de los dedos del pie y la peculiar estructura de los brazos en especímenes adultos, los investigadores concluyeron que el ‘A. afarensis’ andaba sobre dos pies durante el día pero se subía a los árboles al ponerse el sol para dormir a salvo de los depredadores.

Es posible que los homínidos jóvenes pasaran más tiempo en los árboles que los adultos para evitar a los depredadores”, señaló uno de los investigadores.

Más estudios podrían proporcionar nuevas respuestas acerca de los hábitos del ‘A. afarensis’. Por ejemplo, el escaneo de los huesos de Selam mostrará cómo sus pies distribuían el peso de la niña. Pero la escasez de fósiles de esta especie supone que algunas preguntas quedarán sin responder, ya que para poder realizar un meticuloso análisis del desarrollo de este homínido haría falta estudiar ejemplares de distintas edades: de dos a cuatro años, de seis y más.

Estamos hablando de un registro de fósiles que quizá nunca encontremos. Sería una enorme sorpresa encontrar algo así en mi vida”, comentó Jeremy DeSilva, paleontólogo de la Universidad de Dartmouth, citado por ‘National Geographic’.