“Qué bueno que vine”

+Gilberto Gutiérrez atestigua relevos en dirigencias priistas
+Toma nota de reclamos; escucha las críticas de sus partidarios
+No le echemos leña a nadie; mejor trabajemos para generar el bien

HECTOR FROYLAN CAMPOS

TUBUTAMA.-Por acá se respiran otros aires. Deveras. De aquellos sangrientos pasajes de violencia y terror protagonizados por bandas del crimen organizado solo quedan algunas espeluznantes anécdotas. Esta región del desierto sonorense que en un tiempo nos dio lustre a los ojos del mundo como la “Ruta de las Misiones” y luego, expandió el miedo también a los ojos del mundo al convertirse en la “Ruta de las Misiones Peligrosas”; aparentemente, ha recobrado el sosiego. Y es que, a lo largo de casi una década, por estas tierras donde legó obra y pisada el jesuita Francisco Eusebio Kino, no hubo más ley que el dedo en el gatillo. El poder letal de los grupos delictivos que de manera brutal disputaban un territorio estratégico para el trasiego de drogas e indocumentados, prácticamente paralizó las actividades productivas. Durante varios años se mantuvo secuestrada no solo la paz social, sino incluso propiedades de muchos pobladores que optaron por el destierro para salvar el pellejo. El “estado de excepción” en que transcurrió la vida en las comunidades de esta zona conocida peyorativamente como el “tercer mundo”, sumió en la total indefensión e incertidumbre a cientos de familias. Un ranchero que trataba de darle un valor agregado al atractivo turístico de las misiones, cuenta que construyó un espacio recreativo en un predio heredado por sus ancestros. Un día cualquiera llegó al lugar y lo encontró invadido por un grupo de individuos armados. No quiero saber si se van a quedar o no, solo déjenme salir de aquí, suplicó al jefe de la gavilla. Le perdonaron la vida. Los delincuentes estuvieron acantonados en ese pequeño rancho poco más de dos años. Hasta que desaparecieron. Hoy en día, el propietario (cuyo nombre omito por razones obvias), como muchos lugareños a quienes bajo amenazas o por la fuerza privaron de sus bienes, se afana en reconstruir las ruinas. Pero así como él, hay gente que perdió ganado o instrumentos de trabajo. Otros largaron el suelo en busca de empleo. Algunos más cerraron sus negocios. “Por fortuna, ya todo está muy tranquilo”, dice el alcalde de Tubutama, Elmer Montoya Gaxiola. Refiere que tanto en las comisarías del ejido La Sangre, La Reforma, San Manuel, San José y San Juan, así como en la cabecera municipal, hay orden y tranquilidad. Buena parte del mérito en la restauración del orden público y la reactivación de las actividades productivas, se lo han ganado las fuerzas del mando único de la policía que trabaja de manera coordinada con la milicia. Es evidente que la presencia y vigilancia permanente de uniformados y soldados ha permitido mantener a raya las acciones violentas de los grupos delictivos que —imposible negarlo— siguen operando por el corredor Caborca-Altar-Oquitoa-Atil-Tubutama-Saric-El Sásabe-Nogales. Y precisamente de las penurias cotidianas y la realidad política que palpitan en esta región del desierto vino a empaparse el domingo pasado el presidente estatal del PRI, Gilberto Gutiérrez Sánchez. El líder priista aprovechó los actos donde formalizó el arribo de las nuevas dirigencias municipales para sembrar el optimismo entre sus correligionarios de cara al proceso electoral que recién ha iniciado. Habló de la buena marcha que llevan los asuntos de la cosa pública y destacó avances y logros en la gestión de la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano. Pero en Saric, por ejemplo, hay temas de suyo delicados que no son atendidos con la diligencia que exigen las circunstancias. Con esta hora, ninguna autoridad estatal o municipal ha resuelto la sentida queja que expuso con crudeza el exalcalde Elías Acuña Coronado: el Centro de Salud está convertido en un “elefante blanco” por la falta de personal médico. No hay quien atienda de un resfriado a los mortales de esta comarca. Ni en Saric, ni en El Sásabe. Según el profesor Acuña, en la secretaría del ramo al parecer argumentaron que no existen condiciones de seguridad para los facultativos. Eso es una falacia, dice. E incita al dirigente del tricolor a promover una campaña para que la gente visite este jirón de la geografía sonorense donde los pobladores —precavidos y dada la ausencia de un galeno— traen a la mano una “Avapena” para curarse la posible picada de avispa. Hace más de un año que un doctor asistió esporádicamente al Centro de Salud. De tal suerte —dijo alguien— uno tenía que escoger el día que te ibas a enfermar. Mientras escuchaba esa inaceptable realidad, Gutiérrez Sánchez arqueaba la ceja. Fruncía el entrecejo. Y balbuceaba “qué bueno que vine”. El presidente del PRI, en mancuerna con Patricia Orozco Barnett, quien se estrenaba junto con Moisés Varela Granillo en la dirigencia del tricolor municipal, hizo el compromiso de atender y resolver cuanto antes la demanda de los lugareños, pero además emplazó a sus colaboradores para desahogar una jornada médica dentro de las próximas semanas. Más tarde, en Tubutama, Adriana Acuña Acuña y Abelardo Preciado Ozuna, rindieron protesta como presidenta y secretario general del PRI ante el líder estatal. Aquí, Gutiérrez Sánchez recogió algunos reclamos: la falta de agua en el ejido La Sangre; la necesidad de gestionar apoyos para los pequeños ganaderos; la petición para remozar la plaza e investigar dónde quedó atorado el trámite de restauración de la iglesia de San Pedro y San Pablo, un monumento histórico cuya conservación compete al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). En el diálogo, algunos líderes sociales como doña Leonor Ortiz Romero confiaron al dirigente del priismo sonorense un dejo amargo por la falta de respuesta a los compromisos que públicamente hizo la gobernadora Claudia Pavlovich cuando estuvo en esta comunidad en marzo de este año, principalmente en materia de vivienda. “La gente se desilusiona cuando vemos que sus colaboradores no le hacen caso”, dijo la exdirigente de los ganaderos. En descargo, Gilberto Gutiérrez puso de manifiesto que ciertamente no todos los asuntos se solucionan de forma inmediata. No siempre las cosas se resuelven como se quiere, sino como se puede. La “cobija” es la misma para todos los municipios. Si le jalas de un lado pues descobijas a otros. De ahí que la gobernadora se empeñara desde el inicio de su mandato en ubicar prioridades, las urgencias del estado. Miren —ilustró— hace dos años que no podía venir para acá. Las cosas están cambiando. Se está regenerando el tejido social. Hay más empleo. Tenemos crecimiento económico. El dinero se gasta de manera eficiente, transparente y honesta en quienes más lo necesitan. Ya no hay un solo estudiante sin pupitre. Los hospitales ya no están sin medicinas. La red estatal de carreteras está en mejores condiciones para que la gente pueda transitar y mover sus bienes o productos con seguridad y confianza. Sin decirlo, el líder priista conminaba a sus partidarios a mantener incólume la confianza en la mandataria. “Salgamos a la calle, a las casas a decirle a la gente que vote por nosotros porque estamos haciendo el bien. Nuestros gobiernos están provocando el bienestar de otros. Para eso es la política. Eso es lo que dignifica a la política”, expuso Gutiérrez Sánchez. Por la tarde, en Atil de los Celaya, municipio que el PRI perdió por un escaso margen de votos como dedos tenga una mano, el dirigente del tricolor puso de nuevo la mejilla para aguantar la crítica de sus correligionarios antes de tomarle protesta a Salvador González Martínez y Silvia Guadalupe Celaya Limón, en la presidencia y secretaría general del comité municipal. Don Rafael Murrieta y Martín Rosales Buelna, lamentan la desatención de los directivos priistas. Nos han dejado de la mano. No nos toman en cuenta, repiten en sus intervenciones. Es proverbial la paciencia de Gilberto Gutiérrez Sánchez cuando se trata de abrir los tímpanos a las expresiones de sus partidarios. Y si algo significa a un político con oficio, es esa virtud cardinal de la prudencia que posee el líder del PRI. No hay que echarle leña a nadie. Así zanjaba el sentimiento de culpa y protesta que consume a los priistas atilenses huérfanos del poder desde hace 15 años. Hay que trabajar. El oficio de la política está en saber escuchar a todos. Tenemos que aprender a confiar entre nosotros. Darle valor a la palabra. Al compromiso. Ese es el ejemplo que nos da la gobernadora Pavlovich con sus acciones. Porque un gobierno no se gana para que un partido gane, sino para que la sociedad se beneficie. A dos años de distancia, estoy convencido de que los sonorenses que votaron por ella, no se equivocaron. Las cosas en Sonora, no van mal; van bastante bien y nos va ir mejor si ustedes nos ayudan a construir un PRI unido y más organizado no sólo para crear y estimular el bienestar de la sociedad, sino también para ganar las elecciones del próximo año, dijo el dirigente priista.